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Como lo hemos manifestado en reiteradas ocasiones, desde nuestro punto de vista un documento contractual bien redactado utiliza un lenguaje claro y adecuado, califica de forma acertada el negocio, se anticipa a las posibles contingencias y propone soluciones. El día de hoy nos enfocaremos en la importancia del uso de un lenguaje claro, preciso y eficiente en la redacción de documentos contractuales. Es importante tener en cuenta que los litigios en materia contractual, por regla general encuentran su origen en un uso deficiente del lenguaje y que el derecho es un instrumento al servicio del consumidor y no de los intereses de sus operadores.

En países bajo el sistema jurídico del “Common Law” existe una gran discusión entre los defensores de la doctrina del “Plain English” quienes han tratado de simplificar el excesivo uso del lenguaje técnico contra los defensores del “Legalese” quienes argumentan la importancia de su utilización ya que afirman que los abogados somos intérpretes de un lenguaje técnico y que en eso consiste nuestra propuesta de valor.

Defensa del uso excesivo del lenguaje técnico (LEGALESE)

El movimiento del “Legalese” tiene su originen en Inglaterra en una época en la que se usaban diferentes idiomas para la elaboración de documentos legales. El latín se usaba en Inglaterra antes de la conquista Normanda y después de este momento se determinó que el francés era el idioma de la cultura e incluso de las leyes. Posteriormente en 1362 se determinó que el inglés debía ser el idioma a usarse en los documentos de tipo legal. Esta transición de idiomas, llevó a que en los documentos legales se usaran diferentes tipos idiomáticos lo que causó algo de incertidumbre tanto para los redactores como para los lectores. En la actualidad por extraño que parezca, es muy común encontrar palabras en latín que complejizan innecesariamente los documentos legales, tales como: “etc”, “a quo”, “ad hoc”, “bona fide” entre otras. 

En un artículo en “The New York times” escrito por Tom Goldstein y publicado en febrero 19 de 1988 denominado “The Law; Drive for Plain English Gains Among Lawyers” se informaba como el profesor de Harvard, Steven Stark manifestaba que algunos abogados sentían que había un incentivo económico en escribir con un uso excesivo de tecnicismos. Esto teniendo en cuenta que basan su propuesta de valor, en manifestar que comprenden un lenguaje que el consumidor no.  Asimismo, hay quienes argumentan que usar un lenguaje común no es práctico, teniendo en cuenta la precisión técnica que exige el derecho.   

Defensa de la simplificación del lenguaje técnico (PLAIN ENGLISH)

Actualmente hay una tendencia hacia la simplificación del lenguaje técnico en la redacción de documentos legales. Un momento histórico importante para la simplificación del lenguaje legal fue en 1973 en Estados Unidos, cuando el Citibank en Nueva York preocupado por el gran volumen de quejas de los consumidores, decidió poner en circulación un modelo de pagaré redactado en términos totalmente comprensibles para el consumidor (plain language consumer loan note). Dicho momento desde mi punto de vista marcó una tendencia a nivel mundial en la simplificación de los tecnicismos legales. 

La redacción adecuada de documentos contractuales cobra una gran relevancia en el marco de la protección al consumidor, teniendo en cuenta que estos tienen el derecho a comprender de forma exacta lo que se les oferta con el fin de tomar decisiones informadas. Si revisamos el discutido artículo 34 de la ley 1480 de 2011 (Estatuto del consumidor), podemos validar como de forma expresa manifiesta que las condiciones generales de los contratos serán interpretadas de la manera más favorable al consumidor y que en caso en caso de duda, prevalecerán las cláusulas más favorables al mismo.

En conclusión considero que al momento de redactar cualquier tipo de documento con contenido legal, es fundamental enfocarse en el receptor de la información, por lo cual es muy importante identificar la audiencia a la que se dirige un escrito determinado. El uso de lenguaje técnico es necesario, no obstante lo reprochable es el uso excesivo del mismo. Recordemos que son las partes las que ejecutan efectivamente un contrato y es de fundamental importancia que estén en capacidad de entender los derechos y deberes que se despliegan del mismo. Sin lugar a dudas, simplificar el lenguaje técnico y hacer la transición hacía un lenguaje de fácil compresión va a retornar la confianza en el consumidor. No obstante este no es un proceso sencillo ya que como bien dice el profesor Americano George W. Kuney (autor del libro “The Elements of Contract Drafting”), “Un texto de fácil lectura es el resultado de un arduo trabajo en redacción”.




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