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En julio y septiembre aumentan las demandas en los juzgados de familia  

 

Las vacaciones de verano ya están aquí. Y, con ellas, el aumento de las crisis matrimoniales. No se sabe si es el calor o el hecho de que en vacaciones se pasa más tiempo del habitual con la pareja, pero la temporada estival suele hacer mella en las relaciones de pareja. Diversos factores hacen que este mes de julio y el próximo mes de septiembre sean meses en los que las rupturas sentimentales, y, en consecuencia, la interposición de demandas de relaciones paternofiliales o de divorcio/separación crezca notablemente.

Aunque las estadísticas oficiales proporcionan datos por trimestres, y no mensuales, está comúnmente admitido en la comunidad jurídica que, en algunos meses del año, en particular julio y septiembre, aumenta del número de divorcios. Concretamente, en nuestro despacho, la media de los últimos años de expedientes de familia iniciados en julio estuvo cinco puntos por encima de la media mensual, siendo el mes del año con una mayor demanda, seguido por el mes de septiembre, cuatro puntos por encima de la media mensual. Dos causas bien distintas del aumento de los procedimientos de familia. En los meses de julio sí se constata un aumento de los procedimientos de familia, pero este aumento quizá podría explicarse por el calendario judicial. En efecto, en agosto los Juzgados de familia no están operativos, por lo que es presumible que antes de salir de vacaciones, muchas personas quieran que sus demandas hayan quedado presentadas en el Juzgado, pese a que las mismas no vayan a ser vistas hasta el mes de septiembre. Se trata pues de un factor que podríamos llamar “estacional” y poco tendría que ver con un recrudecimiento de los problemas de la pareja.  

En cambio, en los meses de septiembre también en los despachos de abogados constatamos un sensible repunte de procedimientos de familia, pero aquí sí cabría pensar que el origen de este repunte puede haberse debido a circunstancias ocurridas durante las vacaciones. En efecto, durante todo el curso escolar – septiembre a junio – las familias tienen sus rutinas, los niños al colegio y los padres y madres a trabajar. En familia se comparten menos el tiempo: los apresurados desayunos, las irregulares y fatigadas cenas y los, a menudo complicados, fines de semana.  Pero, sin embargo, durante el periodo estival la convivencia es más larga, más intensa y tiene lugar en escenarios diferentes de los habituales -viajes, hoteles, lugares de vacaciones-, factores que, en ocasiones, pueden poner aprueba la solidez de las relaciones y conllevar un desgaste de la relación sentimental.  

¿Qué ocurre en la vida de familia, mucho más intensa durante las vacaciones?  Habría que tener la sagacidad de un buen novelista para responder inteligentemente a la pregunta anterior. Nuestra respuesta, desde la perspectiva de un despacho de abogados, es más modesta. Sólo podemos hacer una reflexión a través de los problemas de nuestros clientes. A la vista de estos problemas, cabe deducir que muchas parejas no habrían valorado suficientemente las exigencias de un mayor tiempo de vida en pareja: la comprensión del otro, la atención hacia el otro, la tolerancia con el otro. Y también las exigencias de mayor tiempo de vida con otros miembros de la familia: los hijos -diferentes edades, diferente sexo-; los abuelos -diferentes preocupaciones, diferentes puntos de vista-.    

La cara positiva de la pausa veraniega sería que, a pesar del posible recrudecimiento de los problemas de pareja, se nos ofrece la oportunidad de ver la vida desde otra perspectiva; de valorar la complejidad de nuestra familia y nuestra capacidad para salir adelante positivamente.   

Y si, a pesar de todo, deseamos proseguir nuestro proceso de divorcio, hagámoslo con buen criterio.    

Conclusión: Las vacaciones pueden ser una buena oportunidad de hacer un alto en el camino y valorar la complejidad y la riqueza de nuestro entorno familiar. En todo caso, la legislación española permite hacer frente a las situaciones de divorcio/separación de forma serena, sin apresuramientos y contemplando todas las consecuencias. En nuestro despacho nos gusta decir que “los que se divorcian son los padres, no los hijos, ni los abuelos.” 




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